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domingo, enero 24, 2010

El pueblo obliga a Pep a seguir (Por Antonio Sanz)

el rincón de judas. artículo publicado en público


Por Antonio Sanz
Seguramente pocas personas planifiquen tanto sus movimientos como Pep Guardiola. Esa metodología, como manera de vivir, es la que le ha permitido alcanzar tantos éxitos. Retrasar la respuesta, hasta la celebración de las elecciones, se convirtió en un bumerán australiano capaz de modificar la decisión de alguien infranqueable. Pero había más, la presión a la que se sentía sometido le obligó a dar el sí antes de la programación prevista. Tres personas animaron al técnico a dar el paso definitivo: Vilanova -su ‘alter ego’ deportivo-, Orobitg -su fiel agente de siempre- y Estiarte -su leal amigo y colaborador-. Poco importaba ya, porque presuponía lo que pasaría, que Laporta lo vistiese como un trofeo más. Entonces, su servicio al reino valdría la pena porque un transfondo futbolístico encontraría solución. Guardiola está preocupado porque el culebrón de su continuidad no paraba en ningún stop. Esa actitud indefinida salpicaba con desidia al vestuario. Y por ahí, ni el pelo de una gamba… como ironizan los castizos. La decisión, tras la presión presidencial, estaba tomada. El entrenador llamó al presidente y se citaron en el domicilio del dirigente. Allí sellaron los términos del acuerdo: “sigo, pero firmo con quien te sustituya”. Me sirve, certificó Joan.

El entrenador del Barcelona jerarquizó su decisión: primero el bienestar de los jugadores, luego el equilibrio de la institución y, por último, sus ganas de continuar. Su primer movimiento de ajedrez requirió que sus ayudantes rubricaran un año más, excepto su ‘otro yo’. Así tranquilizaba el porvenir de los colaboradores. En su coordenada de acciones subestimó la fuerza de la opinión pública. No por desconocimiento, pero sí porque no midió el impulso que su interrogante provocaba en el pueblo. Además, la gente blaugrana encontró la complicidad de los amantes del buen fútbol que nos unimos para no perder a uno de los gurús que nos provoca diversión con su método. Los protagonistas, los futbolistas, reclamaron el retorno del compromiso. Por ellos, por los que no han escatimado esfuerzos a la causa, es por quienes el entrenador se ha visto obligado a aceptar la foto. Los jugadores, que también son miembros del pueblo, han sumado para evitar la fuga y para acelerar su propio descanso: la incomodidad de vivir en el alambre de su propio futuro.

El golpe de coherencia de Guardiola para evitar inestabilidad en el barcelonismo dista del discurso soberbio de Laporta. La fría relación se sujeta en esta frecuencia. Mientras uno procura esquivar los focos, el otro activa la luz hasta quedarse ciego. Por eso, existen muy pocas instantáneas juntos, más allá de las inevitables. Los grandes de Europa no han dejado pasar la oportunidad de guiñar el ojo al entrenador. Pero Pep no ha querido utilizar esa carta para chantajear. Daba igual que Ferguson pensara en él como relevo o que la Juventus tanteara para recibir respuesta. La voz de la calle se revelaba cuando se publicaba que el futuro del mister pasaba por un banquillo distinto al azulgrana. Entonces, ya le daba igual que Joan ganase en el escenario. El había vencido entre bambalinas cuando durante determinados viajes pidió a Vilanova que le cambiara el asiento en el avión para sentarse en la ventanilla y así separarse del poder.

Escrito por Matallanas | 6:43 p. m. | Enlace permanente

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