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domingo, mayo 18, 2008

El último escalón del Zaragoza (Por Antonio Sanz)

el rincón de judas. artículo publicado en público el 18-5-08


Por Antonio Sanz

Mala tarde para ser hoy seguidor del Zaragoza, de Osasuna, del Recre o del Valladolid. Uno de los cuatro truncará su camino en Primera división. ¿Quién lo tiene peor? Apostar es perder. Pero, sin duda, los aragoneses parten en desventaja. La lógica en el fútbol casi nunca existe. Por eso, encontrar sentido a lo que ha ocurrido en el conjunto maño en esta temporada es una quimera. Ha pasado de pelear por la Champions durante la última Liga a deambular por mantener la categoría. Un entrenador conformista para la primera vuelta -cesado cuando estaba a dos puntos del descenso e incapaz de transformar el ‘gallego argentino’ en realidad-, un interino -debutó con victoria pero le costó regatear a su vida personal-, una apuesta tan arriesgada como estéril en seis partidos -discurrir entre lo barato y el fanatismo del puesto- y una solución veterana de emergencia - cambió el éxito por el reconocimiento público- para transitar por el alambre que condena al infierno.

Miguel Pardeza, quien se desvinculará del club la próxima semana tras pedir la baja cuatro veces y no ser aceptada, realizó tres apuestas seguras: Oliveira, para competir con Milito por el gol, Ayala, para hacer olvidar al otro Milito, y Matuzalem, para pelear con Aimar por el liderazgo en el campo. A última hora incorporó a Luccin para equilibrar un equipo casi perfecto. ¿Qué falló? La mayoría apunta a la personalidad del técnico. Víctor Fernández se entregó a los argentinos y abandonó a los que trataron de traducir su tesis. ¿Desde cuándo? Daba igual. Era capaz de embaucar a las masas y al poder. Ese giro significó que el grupo aún dividía entre si el de Casablanca era firme en lamentar su mentira o los jugadores eran capaces de saber a qué portería apuntar. Muy pronto D’Alessandro se desmarcó de la banda y provocó el inicio de unas chispas que anunciaron el error. El sentido de hacer la pelota a Aimar no era reflexivo hacia quienes eran capaces de satisfacer al mediático técnico. El movimiento de quien no entendió lo que sucedía transitó en la desconfianza. Por eso, una reflexión. Alguien llamado Agapito Iglesias consideró que ponía dinero para dejar trabajar a los profesionales. Buscó a los mejores, no aceptó las dimisiones hacia quien arriesgaba desde el púlpito y alucinó con la huída de Garitano. La trama añade que la conclusión del fútbol es ambigua. Si pones y das libertad también es malo. Por lo demás…. noventa minutos le ubicarán hoy en la gloria o en el fracaso. Eso sí, habrá aprendido que los parches son para la ropa.

P. D. Al final somos tan extraños e incapaces que cuando al jefe le relajamos somos tan faciles que fastidiamos nuestro propio ego. No sé si eso es lo que le pasa a Fernando García Abasolo. En esta casa ha puesto patas arriba el Atlético de Madrid. Habla de consenso, de dictadura, de mirar para otro lado, de bicefalia, de… Asevera mucho y ofrece soluciones íntimas. Admito su valentía y su osadía, pero… ¿ha sido capaz de decírselo a la cara a Gil Marín? Da la sensación de que es un jugador enfadado porque no le pone el entrenador. Vaya Atleti. Es imposible celebrar un éxito.

Escrito por Matallanas | 5:11 p. m. | Enlace permanente