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sábado, julio 21, 2007

Es caprichoso el azar (Por Roberto Fontanarrosa)

ROBERTO FONTANARROSA (EN SU COLUMNA 'los domingos de fontanarrosa' DE LA ÚLTIMA DE MARCA del DOMINGO 7 DE MARZO DE 2004)


Por Roberto, el 'Negro', Fontanarrosa

Aquel gran humorista catalán, Eugenio, tenía un chiste formidable: “Dios, dame paciencia...¡Pero ya!”. Y ha sido la paciencia, justamente, la que ha sostenido a otros miles y miles de catalanes cuando el Barça, bajo la batuta de Rijkaard, el vikingo de ébano, no daba pie con bola.


Entonces uno se pregunta: ¿qué misterioso elemento actúa sobre un grupo de hombres para que, en un cierto plazo, todo lo que salía mal comience a salir bien y todo lo que se percibía oscuro empiece a tornarse luminoso? El agudo amigo Murphy, en su tal vez única ley homologada, advierte que “si algo puede salir mal, saldrá mal”. Pero tal pesimismo no parecería aplicable a planteles estelares como el del Barcelona donde hay futbolistas cuya cotización, en dólares, alcanza cifras que yo no he alcanzado jamás ni en glóbulos rojos. Otro catalán, cantautor y fanático culé, admite que “es caprichoso el azar”. Y, buscando una explicación, entendemos que el azar juega, por supuesto, tanto en las rachas buenas como en las negativas.


La diosa Aciertes
Algunos goleadores seriales suelen manifestar, fatalistas, que “en el torneo pasado remataba desde cualquier lado y convertía. Ahora remato a dos pasos de la portería y fallo”, admitiendo que es mayor la influencia de Aciertes (diosa griega de la Puntería) que el respaldo de su propia técnica. Pero, sin duda, el fútbol, como el sarampión o el dengue, es una cuestión de contagio. Y la confianza en uno mismo parece ser contagiosa, tanto como la falta de ella. Cuando un futbolista atina tres pases seguidos, triunfa en un regate, logra un quite limpio, un torrente de confianza le galvaniza el cuerpo como una bebida tonificante. Y eso se transmite a sus compañeros. El balón, por otra parte, lo percibe. Anuncio ya, ahora, que en mis próximas columnas desarrollaré mi revolucionaria teoría sobre el balón entendido como ser vivo. Por ahora les adelanto que el balón, como los caballos, detecta si quien lo conduce tiene miedo, está inseguro, es un principiante o, por el contrario, ejerce la conducción con autoridad y destreza. Y el balón, como los caballos, puede cometer las bellaquerías más ruines cuando intuye a un pusilánime.


La intuición del balón
¿Han visto, por ejemplo, cómo transporta el balón Ronaldinho? Han visto a la velocidad que puede llevarlo sin que se aleje más de 20 centímetros de la punta de su pie derecho, como si fuera un perro que corre apenas adelante de su dueño sin distanciares más que eso ni entreverarse entre sus piernas? Muy bien, eso es porque el balón sabe que quien lo conduce se tiene fe, destila autoestima, obtenida en las lecturas de su compatriota Paulo Coelho. Quizá la confianza haya ido creciendo en el Barça a partir del temple de Edgar Davis, tal vez de la jerarquía de Xavi, en una de esas por el regocijo de haber hilvanado tres pases seguidos o, simplemente porque, como canta Serrat, “es caprichoso el azar”. Ahora los jugadores agradecen la paciencia de sus forofos, el futuro se les antoja más propicio y son buscados como triunfadores. Por ejemplo, el miércoles pasado la casa Christie’s remató en Melbourne, Australia, 17.000 piezas de porcelana Ming, recuperadas de una nave hundida hace 400 años frente a la costa de Vietnam, en más de dos millones de dólares. Se dice que Christie’s desea filmar un corto publicitario antes de entregarlas y ya apalabró a Ronaldinho para que juegue con el balón entre esas maravillas. Lo del cristal de la Catedral de Santiago fue un accidente. Ese balón no le conocía.



El Negro, muy recordado en su adios

Todos los diarios nacionales recogen en sus obituarios la marcha de Roberto Fontanarrosa. Y especialmente bien ha estado el Marca dándole una página al que fuera colaborador suyo en 2004, con una columna de Angel Cappa glosándole. Aquí os dejo uno de aquellos artículos que hizo en Marca. Y abajo mi columna de hoy en Marca, en el que también le di una línea, por supuesto. Por cierto, Serrat, en quien se inspira el 'Negro' para aquel artículo de Marca que aquí recuerdo, también está muy afectado. Me consta.


El Real Madrid necesita glamour... y un pelotazo

(MaTA-dor, mi columna diaria en MARCA, 21 de julio de 2007)


Encaramos la recta final de julio con el Real Madrid habiéndose reforzado con dos futbolistas a coste cero (Saviola y Dudek), un central a precio de angulas en Navidad con nombre de anuncio de agencia de viajes (Pepe) y otro central educado que ya sabe español (Metzeler). Lo de Robben parece complicado porque Abramovich pasa de venderle. Lo de Iniesta sería otro pelotazo a lo Segurola (¡qué bueno que viniste Santi!). A Reyes deberían comprarle y Cesc, según el vicepresidente Boluda, aún podría fichar. No ilusiona especialmente este Real Madrid salvo por la promesa de buen fútbol de Bernd Schuster. Ciertamente, los cuatro fantásticos del Barcelona motivan más para sentarse frente al televisor. Henry es un gran fichaje y si Laporta aguanta el tirón del Milan y no se llevan ni a Etoo ni a Ronaldinho, con Messi conforman un poker magnífico.

Algo debe hacer el Real Madrid. Algún fichaje debería sacarse de la chistera Ramón Calderón, entre viaje y viaje a Estados Unidos (va una vez al mes como mínimo, ¡qué tío!) Igual en el próximo no hace sólo escala en Nueva York y acude a Los Ángeles a recuperar a Beckham y su glamour. Porque a este Madrid le falta glamour y le va a faltar identidad con la salida de Helguera y si se fuera Salgado... Encaramos la recta final de julio y el Atlético ha vendido a Torres y ha vendido el Calderón y no ha fichado a ningún ‘crack’. Se supone que ficharán a Riquelme. Deberían, vaya. Encaramos la recta final de julio y se me ha ido mi amigo el Negro Fontanarrosa. Es caprichoso el azar*, Negro.


La marcha de Fontanarrosa


Escrito por Matallanas | 5:20 p. m. | Enlace permanente

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