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viernes, octubre 14, 2011

La verdadera insignia del madridismo (Por Alfredo Duro)

¿Os suena?


Por Alfredo Duro

¿Es la insignia de oro y brillantes el mayor reconocimiento al que puede aspirar un madridista? ¿Es Rafa Nadal un madridista que puede aspirar sin contestación alguna a que se le conceda la insignia de oro y brillantes del club? ¿Se puede considerar a Plácido Domingo una especie de embajador del madridismo como para que el club le imponga tan preciada insignia? ¿Se puede considerar a Vicente del Bosque uno de los mayores referentes para el madridismo en los últimos años? ¿Debe un madridista dejarlo todo y acudir sin ningún tipo de complejo a recibir la insignia de oro y brillantes del club? ¿Acudirá Rafa Nadal a recibir la insignia? ¿Lo hará Plácido Domingo? ¿Y Del Bosque? ¿Debe olvidarse Vicente del Bosque de la cantidad de agravios sufridos desde que se perpetró su salida del club y acudir a tan entrañable acto? ¿Llega la insignia para Vicente del Bosque en el momento más adecuado?¿Hace justicia la junta directiva del Real Madrid imponiéndole ahora la insignia de oro y brillantes al seleccionador nacional que ha llevado a España al campeonato del Mundo? ¿Debió hacerlo antes? ¿Lo hacen por convencimiento?¿Es una decisión creíble?¿Ganó Vicente del Bosque dos Copas de Europa con el Real Madrid?¿Ganó dos Ligas?¿Ganó la Supercopa de España? ¿Ganó también la Supercopa de Europa?¿Ganó una Copa Intercontinental?

Así, más o menos, anda el madridismo en los últimos días. En una especie de Concilio Divino para ponerse de acuerdo sobre quién y de qué forma debe ser elevado a los altares del mejor club del siglo XX. Como si esto fuera el Congreso Supremo que establecerá la definitiva tabla de los Diez Mandamientos Blancos. Como si el Real Madrid estuviera necesitado de discutir sobre( de verdad que va sin segundas intenciones) un Ser Superior. Justamente el tipo de discusión y debate en el que nunca se habría querido ver envuelto Vicente Del Bosque, para el que el madridismo se convirtió desde hace más de cuarenta años en la única razón de ser y entender tanto el fútbol como la vida. Un tipo, creánselo, que nunca necesitará de ninguna insignia para valorar tantas y tantas muestras de silencioso y discreto agradecimiento que millones de madridistas le profesan desde entonces.

Desconozco lo que hará Del Bosque el día que la Junta Directiva, con su presidente al frente, entregue las insignias. Acudir al acto o no hacerlo se ha acabado por convertir en algo anecdótico. Porque sólo puede ser tratada como una anécdota la decisión de querer devolverle a alguien el reconocimiento robado durante diez años. La triste anécdota de quién, un buen día, decidió prescindir de él porque “era un hombre de perfil bajo, cuyo libreto se había quedado viejo y caduco”. Entonces, en nombre de “la modernidad” que tanto gustaba en la época, se inició con Queirós una inagotable colección de entrenadores que nunca estuvieron en condiciones de entrar en la memoria del madridismo. El mismo madridismo que, en silencio, le impuso a Del Bosque hace mucho tiempo la medalla de la gratitud eterna.

Duro ¿os suena?

Escrito por Matallanas | 2:19 p. m. | Enlace permanente