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domingo, septiembre 27, 2009

Abel-Emery: pulso al destino (Por Antonio Sanz)

el rincón de judas. artículo publicado en publico


Por Antonio Sanz
Valencia y Atleti pelearon contra el futuro, mientras Abel Resino y Unai Emery contragolpearon para frenar lo que se augura para quienes conviven con dirigentes impacientes. Me da igual el resultado para explicar que el destino de ambos, válidos representantes de la hornada de ex futbolistas profesionales que recorre los banquillos, se tambalea por lo incoherente del comienzo. El calendario ha querido que midan fuerzas en la semana en que han sido ratificados, uno por el presidente Cerezo y el otro, por el vicepresidente Fernando. La dolorosa derrota en Getafe sobresaltó Mestalla tras los empates ante Lille y Sporting. Lo del Atleti es un sin vivir desde el arranque con una fractura social que provoca una sensación cainita que arropa a la entidad en las últimas décadas.

Abel sufrió mucho, más de lo que él mismo esperaba, para rubricar su renovación. Se sentía fuerte tras un gran final de campeonato y por eso estimó que era el momento de reforzarse tras clasificar al equipo para la previa de la Champions. Sin embargo, pintaron bastos. El abogado que negoció en su nombre, Vicente Montes, instó a firmar por dos años. El letrado se llevó una propuesta innegociable: una temporada con rebaja económica ajustada a los tiempos de la entidad. El técnico lo pensó. Algunos de sus íntimos le aconsejaron que dijera adiós, pero la tentación de comenzar el proyecto y de repetir en la máxima competición continental levantaron el ánimo de quien se consideraba injustamente agraviado por el poder. Como era de esperar no le hicieron ni caso en la confección de la plantilla, no atendieron ni una de sus peticiones -ni la más tímida de Miguel Torres- y hasta le forzaron a aceptar la nueva línea de capitanía que diseñó el club tras la renuncia de Maxi. Si lo de Antonio López sonaba a alivio, el ascenso a teniente de Forlán -se defiende sólo a él solo- chirriaba. Tanto que alguien le recordó que era como si en su época de portero los galones de Futre hubiesen pasado a Schuster, otro egoísta en el vestuario. Esta fractura arrastra al entrenador, más allá de las diferencias personales que mantiene con algunos de sus pupilos. En los últimos días se cuestionan desde la cúpula los planteamientos de Abel: en el Camp Nou se invitó al suicidio colectivo y ante el Almería los cambios retrataron la debilidad del grupo. Se incita al recambio con el alemán, con Quique Flores, incluso se plantea la posibilidad de Víctor Fernández y más remota la de Luis Aragonés. Renace el debate interno con división popular. Abel debe seguir, pero Abel debe reconducir a unos jugadores faltos de compromiso y que habitan en singular sin buscar el beneficio plural. Si recupera el crédito, Abel optará a mantener su silla caliente.

En Mestalla, David Villa puso la guinda a un pastel al que le falta levadura. Unos miran con recelo la exigencia física de Pako Ayestarán. Otros dudan de la exigencia táctica de Carcedo. Los dos ayudantes y Emery buscan reconducir un grupo que duda más que cree. El ‘7’ tocó la corneta para espabilar al cuerpo técnico. El aviso, aplaudido desde el vestuario, significa que la directiva también cuestiona los métodos del entrenador. Al final, el resultado de ayer aliviará a uno y sentenciará al otro. ¿Y si han empatado? Engordar, para morir.

Escrito por Matallanas | 5:25 p. m. | Enlace permanente

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