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domingo, abril 04, 2010

Enemigos íntimos con retorno (Por Antonio Sanz)

el rincón de judas. artículo publicado en público


Por Antonio Sanz

Mientras en Las Rozas asisten con preocupación al desenlace de los torneos domésticos y continentales por el goteo de lesionados, los clubes exprimen el organismo de sus futbolistas en la hora de la verdad. De este modo, Del Bosque otea vigilante la evolución de Iniesta, antes de Xavi, Marchena, el agotamiento de Senna, Jesús Navas, Villa, antes de Torres, y ahora lo de Cesc. La gente de la roja aterrizará en Madrid marcando reserva en el depósito, aunque con un desenfreno ilimitado de ilusión para afrontar el Mundial. Y es que atravesamos el tramo dónde se dilucida todo: éxito y fracaso. Nadie se esconde. Ninguno se tapa. El examen final se sirve frío y sólo los más racionales obtienen recompensa.

El pulso futbolístico que mantienen Arsenal y Barcelona ha paralizado Europa. La relación entre ambas entidades no es tan moderna, aunque lo parezca. Gaspart se gastó treinta y dos millones de libras del arca azulgrana del año 2000 para comprar a los ‘gunners’ el pase de Overmars y Petit. No sentó tan bien en Londres la deserción anunciada de Henry cuando, a sus 30 años, decidió aceptar la tentación de Laporta. El máximo goleador histórico de los londinenses pretendía nuevos retos. La afición le dio una lección, una más: ovación al pisar el césped -por ayer- y pitos al tocar el balón -por hoy-. No tan lejos queda el encuentro en París. Se midieron para ganar a Cesc y Henry, que acabaron siendo cruz. Con todo, Wenger y Guardiola admiten leer el mismo verso del balompié: el del espectáculo. Probablemente, por esta máxima, el galo -asumiendo riesgos- dejó la decisión al capitán. Este quiso participar el miércoles, más por el ruido exterior, enterrando así su falta de estado físico. Ausente en la vuelta por sanción, quizá en solidaridad por los viejos tiempos, Piqué se censuró para el retorno. Quizá sobrevoló en su mente aquellas tardes con la ‘quinta del 87’ cuando despachaban las concentraciones a golpe de ‘play station’. Ellos agruparon a Messi hasta que el chico del barrio marinero del Maresme barcelonés optó por emigrar persuadido por el alsaciano. No era el primero, ni tampoco resultó ser el último. A Arséne se le admira, pero transita criticado por un núcleo de detractores que le acusan de asaltar las canteras ajenas buscando jóvenes talentos. Con 16 años, además de a Cesç o Fran Mérida, también reclutó a Djourou, Traoré, Bendtner o Walcott, aunque por éste depositó al Southampton más de quince millones de euros. A los 17 capturó a Ramsey, Eboue o Mannone y con la mayoría de edad atrapó a Clichy, Denilson, Gibbs, Song o Senderos.

El presente deportivo es lo único que separa a Fábregas de Barcelona. La llave sólo se encuentra en el bolsillo de Guardiola y sólo el técnico está capacitado para convencerlo de jugar en el Barça. Cesc no quiere revivir la experiencia en la roja y ser el jugador número doce. Pese a que se le observa como el relevo de Xavi, no es el mismo jugador por ahora: no aguanta la posición porque, ya desde joven, le apasionó pisar el área. Desconozco si Fábregas conoce el desencuentro que llevó a Sabina y a Páez a declararse enemigos íntimos. El retorno los devolvió a la amistad. El mismo billete de vuelta que Cesç comprará, por su hambre de títulos, para reinar en el Camp Nou. Sólo Guardiola puede seducirlo.

Escrito por Matallanas | 5:41 p. m. | Enlace permanente

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