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sábado, junio 26, 2010

Encuentros con Marcelo Bielsa, ese gran ser humano

Chile me gustó mucho ayer. Como me gustó Argentina en el Mundial 2002 y se quedó fuera en la primera fase y aún así hizo un partido modélico ante Suecia. Marcelo Bielsa es un entrenador de una pieza. Un pedazo de técnico que monta equipos formidables con los mimbres de que dispone. La memoria es selectiva y antes del partido no habían acudido a mi cerebro los encuentros que he mantenido con Bielsa en mi carrera periodística. Y en la zona mixta, cuando salió Bielsa y me saludó con cariño y hasta con la ternura de lo que se vislumbra como una amistad si el trato se extiende en el tiempo, afloraron en mi mente esas tres apasionantes charlas de fútbol que mantuvimos años atrás.

La primera fue en Ginebra. Se jugaba un Argentina-Camerún amistoso. Yo viajé con Marca para hacer reportajes con la albiceleste a Germán Burgos. Y también monté una tertulia futbolera con Solari, Saviola y Aimar. Cuando terminé aquella conversación (siempre es delicioso hablar de fútbol y casi siempre más con los argentinos), me encontré con Bielsa en el hall del hotel. Marcelo me invitó a dar un paseo. Caminaba rápido, bastante más que yo que soy un diesel hasta paseando. Sin preámbulos empezó a hacerme preguntas de fútbol, cuestiones tácticas, preguntas sobre mis gustos y filosofía futbolística al ritmo frenético, para mí, que caminábamos. Me quería conocer. La deferencia del paseo era porque al viaje acudía ya con la recomendación de Miguélez, gran amigo de Bielsa. Fue media hora de paseo en la que me sentí examinado y sin opción de hacer preguntar en ningún momento. Pero Bielsa no te agobia, es como ese periodista que crea el clima adecuado para la entrevista y saca todo del entrevistado.

La siguiente vez fue en Japón. Se jugaba un amistoso Japón-Argentina y allí estaba yo en el fabuloso hotel Four Season de Tokio, donde estuve aquella vez y en la Asian Tour 2003 con el Real Madrid. Había llegado desde el aeropuerto en el autocar de Argentina que iba a medio llenar con los argentinos que llegaban de Europa y con los que volé (Solari, Kily, Bonano, Saviola, Crespo, son los que recuerdo) en primera clase sufragado a partes iguales por Marca y Titán Sport de China. Allí estaba yo en la impactante habitación del Four Season (para mi el mejor hotel en el que he estado en mi vida) cuando llamaron a mi puerta. Serían las once y pico de la noche del día que habíamos llegado. El jet lag me vencía cuando estaba escribiendo. Y abrí la puerta y era Bielsa. “¿Has traído la prensa española?” “Sí”, contesté con la satisfacción de haber cumplido un encargo no hecho, pero una petición esperada. Le di el taco de periódicos y conversamos otros veinte minutos. En aquella charla hablé yo más y le cuestioné sobre los contras de automatizar con su sistema el talento que tenía aquella Selección argentina con Aimar, Riquelme y compañía. Me explicó que su sistema daba libertad en los últimos tres cuartos de campo. Me vine arriba y le pedí una entrevista. Sobrepasé el límite (con los años lees mejor los partidos) porque Marcelo no habla nunca fuera de rueda de prensa. No se enfadó y me hizo entender con su mirada que le pedía un imposible.

En el avión de regreso de Tokio volvimos a hablar de fútbol y me examinó sobre el partido del día anterior que creo recordar empató Argentina a uno con Japón (no quiero mirar ni fechas ni nada en Google al escribir estos recuerdos a vuela pluma, me lo vais a permitir).

Y luego hubo un tercer encuentro regresando de Buenos Aires a Madrid en primera clase. Venía de hacer reportajes, creo que también para Marca (¿o era ya para Cope? No, creo que no fue cuando me mandó Abellán con Sabina a ver a Maradona en La Noche del Diez, en aquella foto utópica con Maradona, Sabina y Charly García (ver) Estuve todo el vuelo con Bielsa en el asiento de al lado, separados por el pasillo. Llevaba un taco de periódicos impresionantes y se los leyó enteritos. Hablamos mucho de fútbol en varias fases del vuelo. De aquella conversación recuerdo su admiración por Luis Aragonés y su vaticinio de que se venía una gran Selección española.

Y Marcelo se acordaba de todo como me transmitió anoche en su saludo efusivo y cargado de cordialidad en la zona mixta del estadio de Pretoria. Le dije que me había cambiado a As y creo que lo sabía (¡lo lee todo!) Ese saludo entrañable me hizo recordar los encuentros que os he contado, auspiciados en un principio por Miguélez, refrendados después por el Mono Burgos (será un gran entrenador como Marcelo) y alimentados por mí pasión por hablar de fútbol y las relaciones humanas.

En el cuerpo a cuerpo te mira a los ojos, pero Marcelo Bielsa mira hacía abajo cuando le hacen una pregunta en la rueda de prensa para no establecer ningún vínculo emotivo, ninguna complicidad con el periodista. Lo prefiere evitar. Pero en las distancias cortas es un gran ser humano. Le llaman el Loco, pero Bielsa es un técnico muy exigente, muy obsesivo, muy perfeccionista. Pero es un tipo muy cuerdo. Y un buen tío. Un tipazo, el rosarino, como dicen los porteños.

Escrito por Matallanas | 2:01 p. m. | Enlace permanente

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