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jueves, agosto 03, 2006

Crónicas Asiáticas. Día 9. Real Madrid, Asian Tour 2003. La evangelización. (Marca, 3-8-03)

La Gran Muralla y el gran regateo
Estando a 50 kilómetros de una de las siete maravillas del mundo es un sacrilegio no pergarse un madrugón para verla. Ayer fuimos a la Gran Muralla China. Mereció la pena salir a las seis de la mañana del hotel para no pillar atascos y para no mezclar una visita turística con el trabajo que venimos a realizar. Fue un acierto, una experiencia, una maravilla, vaya. No había un solo coche a la salida de Pekín. Llegamos y no había casi nadie en la entrada de la Gran Muralla. Los porteros si estaban. Y les intentamos dar el quiebro con la acreditación que pone ‘all zone’, “vale para todas las zonas de China”. Parecía que habían picado, pero cuando bajamos había dos policías esperando y, por supuesto, pagamos con gusto los 40 yuanes que costaba la entrada.
La ascensión fue como la del Turmalet, pero a contrarreloj porque había que regresar para cubrir un sarao de Audi a primera hora al que iban Raúl y Figo. Recorrimos apenas un kilómetro de los 3.500 kilómetros de esta maravilla arquitectónica construida en el año 214 antes de Cristo, en cuya creación se dejaron la vida miles de chinos, que fueron explotado para hacer una fortificación con el fin de defenderse de los mongoles. José Luis, de Real Madrid.com, y Edu, cámara de Telemadrid, alcanzaron la cima permitida por el reloj. Un servidor completó el podium, aunque Celia de Real Madrid TV, podía haber demarrado y haber alcanzado al ‘grupeto’ vencedor, pero la responsabilidad laboral la hizo darse la vuelta e indicar al trío más fotografiado de la mañana que desandarán las empinadas e irregulares escaleras construidas hace mil años, que fueron más rompepiernas a la bajada. El Real Madrid no se comprometió a ir la Muralla y para muchos jugadores era una de las cosas que les apetecía ver de China. Siempre que Queiroz y el profe italiano Di Salvo no les dieran por montar una sesión de potencia de piernas en sus escaleras porque acabarían muertos. Uno comentó: “¡Se nos verá desde los satélites!”. Y bromeó otro: “entonces los galácticos la ven todo el día desde su galaxia, por eso no han venido”.
Al mediodía se aprovechó para hacer compras en los mercadillos y ejercer hasta la médula en el arte del regateo. Los precios son de locos, baratísimos si te ‘camelas’ al vendedor y regateas bien con la calculadura en ristre bajando siempre el precio hasta que te llamen loco, en cualquier idioma, y te den manotazos las vendedoras. Lo de las imitaciones es increíble e invita a la reflexión de que si marcas tan poderosas son imitadas en toda Asia con impunidad y al borde de la perfección hace años, qué puede hacer el Real Madrid para evitar que, en el mercado asiático que pretende conquistar, se pirateen sus camisetas. En el estadio de Los Trabajadores, por la noche en el partido, no se vieron muchas elásticas madridistas y las que había eran la gran mayoría piratas.


P.D. Los jugadores del Atlético de Madrid se han ido hoy de compras por Shanghai y habrán experimentado la sensación de regatear salvajemente con los chinos que cuento más arriba. Y el próximo lunes vuelvo a Pekín y volveré a la Gran Muralla. Para el regateo me estoy reservando, luego cuando me pasen los informes de las tiendas de Shanghai decido si voy aquí o me espero a Pekín que estaremos la Nini y yo, ya sin el Aleti por China, lunes, martes y miércoles próximos.

Escrito por Matallanas | 12:24 p. m. | Enlace permanente