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domingo, febrero 22, 2009

Futre ya no tiene el corazón 'partío' (Por Antonio Sanz)

el rincón de judas. artículo publicado en público


Por Antonio Sanz

Leo las declaraciones de uno de los grandes. Será protagonista, sin necesidad de jugar, la próxima semana. Es Paulo Futre, leyenda y emblema de la generación de atléticos de final de los ochenta y principios del noventa. Futre se manifiesta rojiblanco de cara a la eliminatoria de Champions ante el Oporto. Desde esta ciudad norteña de Portugal llegó el melenudo ‘10’ al Manzanares. Jesús Gil lo fichó como reclamo electoral -gesto que copió Florentino con Figo, con Paulo de ideólogo-. Su actuación en la final de la Copa de Europa de 1987 le valió el reconocimiento global para representar a la élite. Y Gil lo firmó sin conocerlo. Ni ponía cara a su idea. Al verlo, lo descubrió porque en las chanclas de entrenamiento llevaba escrito el nombre deportivo. Desde entonces, idas y venidas para establecerse en el Atleti como fichaje estrella, como embajador, como solución ‘fichaje-reclamo’ en su rentré al fútbol o en funciones de director deportivo, en uno de los peores momentos de la historia colchonera.

Conduciendo un automóvil deportivo de color amarillo se trasladaba por Madrid. Ganó dos Copas del Rey para después alejarse de la doctrina de Aragonés. Esto le obligó a pedir la baja a mitad de curso. El presidente, apresado entre la realidad y el deseo, optó por ahorrarse un problema. Transcurría la Liga 92-93 y el luso se había despachado en una improvisada rueda de Prensa -de tres periodistas, uno quien relata- en el aeropuerto de Barajas antes de partir a Lisboa. Un escueto “me voy de aquí” forzó días después su salida. Tras pulular por Francia, Italia e Inglaterra, el cariño al Atleti crecía, más si cabe, lejos de casa. Así, con motivo del estreno en la Champions, lo nombraron embajador de la entidad en el invierno del 96. No se veía en el cargo, pero pertenecía al staff. Quizá por eso, por tenerlo cerca, nació una idea maquiavélica que devolvió al icono a los terrenos de juego. Unos meses más tarde, le insinuaron que si estaba dispuesto al retorno. “¿Cómo?”, espetó Paulo. “Ahora mismo me pongo a recuperar la rodilla”. La articulación que lo retiró no respondía, pero él la hizo contestar. Marca destapó la vuelta y, quien relata, viajó a Oporto donde silenciosamente trabajaba cada tarde en un parque cercano a su residencia. Allí nos desveló, entre café y cigarrillos, el sueño de volver. Faltaba saber si aguantaría el ligamento, pero ganas e ilusión multiplicaban el esfuerzo. Y salieron seis lustrosos meses. La función de hacer olvidar al ídolo vendido -Simeone- estaba conseguida y su presencia en los onces era cada jornada más escasa. Se fue. Pero se recurrió a él nuevamente como salvavidas: con el club en el fondo del infierno. La llamada desesperada tuvo respuesta. “Estoy aquí para subir a Primera”. Otra vez, con Gil y Luis cruzándose en el camino, decidió marcharse. Hoy, por algún retazo de vida, se siente atlético: su cabalgada dejando clavado a Chendo y clavándosela a Buyo en la escuadra, la interminable ovación en la presentación del 97 o vestido con traje italiano y gafas negras transitando por Majadahonda maquinando mil y un fichajes. Sin su inseparable ‘primo’, mira al banquillo donde reposta Abel, otro de los suyos. Seguro que ya le ha advertido de los peligros del adversario. Por todo esto, ¿cómo va a tener el corazón ‘partío’? Es imposible.

Escrito por Matallanas | 6:46 p. m. | Enlace permanente

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