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lunes, mayo 18, 2009

Dos pizarras de pasión (Por Kiko Narváez)

el arquero. artículo publicado en la razón


Por Kiko Narváez

Este fin de semana, por fin dio a luz Guardiola su primer doblete. Analizando la ecografía del equipo estos nueve meses, era lógico que antes o después los títulos vieran la luz, ya que desde que tengo uso de razón nunca vi una diferencia tan exagerada en las competiciones domésticas. No tenemos que olvidar que a pesar de que «el Pep» era primerizo no vomitó nunca ninguna incongruencia en sus comparecencias en las ruedas de prensa, manteniendo siempre el mismo discurso cabal y seguro en el que demostró que el traje estaba hecho a su medida, dejando sin voz ni tinta a los «sentencieros» que lo tacharon de inexperto a las primeras de cambio y han claudicado ante el que para mí ha sido el gran protagonista de la temporada 2008/2009.

Nunca he escondido que tengo predilección por Pep y Cholo Simeone, auténticos amantes del fútbol que dignifican esta profesión, que ya rascaban cualquier inquietud en su época de futbolistas. Han sido, a su manera y con su filosofía, tal para cual. Si el catalán, cuando coincidíamos en la selección, me hacía un test sobre los entrenamientos de Antic y el motivo por el que presionábamos en una zona del campo u otra, el argentino nos encerraba en la habitación del hotel de turno para hurgar en todos los problemas que tenía el equipo.

Reconozco que me emocioné viendo al reposado Guardiola muerto de vergüenza mientras era manteado en Mestalla por unos futbolistas a los que esta temporada, desde un principio, contagió su pasión por este deporte. Me ocurrió algo parecido cuando Simeone ganó con Estudiantes a Boca la Liga en el desempate final. El argentino, quince metros por detrás, veía a los suyos disfrutar con la hinchada mientras él paladeaba el triunfo desde un segundo plano. Meses más tarde me confesó en una comida-merienda-cena que, una vez en el autobús, con la copa en la mano, le dijo el «profe» Ortega: «Che, Cholo, ¿por qué está tan triste?» A lo que respondió: «Profe, ¡qué lindos son estos momentos, pero qué rápido van a pasar! Mañana ya está. Ya está, se acabó». Son dos formas, pero una misma pasión por el fútbol. Ojalá, por el bien del espectáculo, el destino no tarde en hacerles coincidir con pizarra en mano.

Escrito por Matallanas | 5:38 p. m. | Enlace permanente